Vivimos un fin de semana redondo en el Real Club de Tenis Coruña con la disputa de las finales del VI Trofeo Raqueta de Madera y Plata Jael Joyería, el Open 2000 +H del Circuito IBP Tenis PRO que cada temporada nos cita sobre la tierra batida coruñesa. Fue una edición con sello propio: una fase previa de cuadro eliminatorio, un round robin repartido en dos grupos y, ya en la recta final, semifinales y final. Dos caminos distintos para dos campeones que comparten un mismo premio: sus nombres quedan grabados en la raqueta conmemorativa de Jael Joyería, la pieza que distingue a quienes levantan este trofe.
En el cuadro masculino, Eric Vanshelboim completó una semana impecable. Resolvió su grupo con autoridad, sin ceder un solo set, y mantuvo esa exigencia hasta el último día. En semifinales superó a Saul Berdullas por 6-0 y 6-2, y en la final no dio opción a Alejandro Vizoso Ansedes, que había llegado al título tras la retirada de Nicolás Bellas en su semifinal. El marcador final, 6-1 y 6-1, refleja el dominio de un jugador que vuelve a inscribir su nombre en este torneo: ya lo había ganado en la edición de 2023, y en A Coruña ha demostrado que el cariño es mutuo.
En el cuadro femenino, Sofía Fernández Figueras firmó un torneo de menos a más para estrenarse como campeona de la prueba. También ella ganó sus tres partidos de la fase de grupos antes de medirse en semifinales a Eva Álvarez Sande —campeona aquí en 2023—, a la que superó por 7-5 y 6-3 en un duelo con sabor a relevo. En la final se impuso a Elyse Tse por 6-2 y 7-5; Tse, por su parte, se había ganado su sitio tras un exigente 4-6, 6-2 y 7-6 ante Lucía Natal. Un primer título que sabe a punto de partida.
Una semana así no se sostiene sola. Gracias al presidente Ricardo Álvarez por acompañar al circuito un año más, al equipo arbitral, Miguel Casal, Carlos Chass y a la organización del Real Club de Tenis Coruña por el cuidado de cada detalle, y a Daniel Escudero, que puso voz a las finales como speaker y ayudó a que la jornada se viviera como merecía. Y, por supuesto, gracias a Jael Joyería, que da nombre y alma a este trofeo con esa raqueta grabada que cada año estrena propietario.


























